miércoles, 2 de diciembre de 2009



MALVINAS. Entrevista a Julio Aro, ex combatiente.

“No hay guerras ni buenas
ni santas ni justas,
las guerras son lamentables

y enlutan a los pueblos”.

Julio Aro (46) cambió el rencor por la acción en beneficio de sus compatriotas y familiares afectados por el conflicto. Pudo dar vuelta la página y regresar a Malvinas a recordar a sus compañeros caídos y casi al mismo tiempo estrechar las manos de ex combatientes ingleses durante una visita histórica a Londres en 2008. Ahora lucha por la paz y por el diálogo.


Por Ana María Oliver

Cada argentino lleva en sí dos países: el de la derrota y del triunfo. Por eso vivirá el destino de su pueblo como una agonía, como una lucha que marca las arrugas más nobles de su rostro. Algunas veces logra salir de la agonía y restablecer la unidad, la paz consigo mismo, con su identidad inestable.
Pero ante la desmesura el argentino se juega en serio, abandona sus insatisfacciones, el tono quejumbroso y unifica su ser dividido.
La soberanía no es un principio abstracto sino un sentimiento. Es cierto que los argentinos nos hemos sentido humillados y atropellados, desfondados en nuestra propia dignidad y autoestima, descorazonados en nuestras legítimas esperanzas, no hemos perdido, con todo, la esperanza de reconstruir una identidad no vergonzante, un pasaporte que no dé lugar a sospechas, una manera de caminar que nos asegure un espacio respirable en el mundo.
Un país saqueado y desmantelado en lo económico, político y cultural como el nuestro necesita muchas manos, muchas fuerzas diferentes, mucha reflexión venida de distintas regiones del entendimiento y la acción.
Esta reflexión, un tanto melancólica, producto de lecturas y meditaciones dio el pie conveniente para darle la palabra a un ex soldado de la Guerra de Malvinas. Qué mejor representante de la Argentina irrealizada que un protagonista de aquella patriada, loca e incongruente, manipulada por un poder absurdo pero patriada al fin.
Julio Aro, casado, dos hijas, pertenecía al Regimiento de Infantería Mecanizada VI de Mercedes, Provincia de Buenos Aires, cuando estalló el conflicto. En 2008 viajó a Londres a reunirse con ex combatientes ingleses y actualmente es parte del cuerpo de profesores de Educación Física con especialidad en discapacidades, en IOMA seccional Mar del Plata, ciudad donde reside y dirige el Centro de Ex Combatientes local.

¿Qué significa Malvinas para un ex combatiente?

Es intransferible lo que uno siente por Malvinas, en mi vida fue un antes y un después. Es sumamente importante poder regresar, caminar por los campos de batalla, estar en el cementerio rindiendo el homenaje a todos nuestros caídos, diciendo muchachos no nos olvidamos de ustedes, aquí estoy.
La gran mayoría de los que hemos podido regresar coincidimos con que volver ayuda a curar, no a olvidar, pero sí a curar. Después de tantos años uno tiene una mochila cargada, y el solo hecho de poder caminar, llorar, homenajear a nuestros compañeros hace más liviana esa mochila. Uno regresa con la espalda bien erguida y con todas las pilas puestas para seguir luchando por la causa, para ayudar a todos nuestros compañeros que tienen problemas, al igual que la familia, y fundamentalmente poder colaborar o estar de alguna manera con nuestros padres (los padres de aquellos compañeros caídos en Malvinas o en el General Belgrano), aquellos que dieron a la patria lo más preciado que tiene un ser humano: un hijo, y hoy por hoy están desprotegidos, sin el reconocimiento que merecen.

- ¿Cuál sería el mensaje para los jóvenes que tienen la edad que tenían ustedes durante la guerra?

Por suerte, voy a muchas escuelas a dar charlas sobre lo ocurrido en la guerra de Malvinas, y el mensaje es siempre el mismo: tratar de que comprendan que el hombre tiene que usar un arma que es mucho pero mucho mejor que cualquier tipo de bomba y esa arma se llama diálogo, es decir que a través de él tenemos que llegar a un acuerdo, explicarles que no hay guerras ni buenas ni santas ni justas, que las guerras son hechos lamentables que enlutan a los pueblos.
En uno de los tantos proyectos que he realizado, que llamé IDENTIDAD COMPARTIDA, pusimos a dos madres, una de un soldado inglés y otra de un soldado argentino, ambos caídos en las islas. Le preguntamos “quién había ganado la guerra”, “nadie”, nos respondieron, ambas habían perdido al ser más querido, al hijo. (Escuchar canción La hermanita perdida, de Yupanki y Ramírez http://www.youtube.com/watch?v=Czs89RPtqWE).

-En cuanto al valor de la reconciliación ¿se podría trasladar a lo que fueron los años 70?

No sé. Durante muchos años estuve con mucho odio y rencor por todo lo vivido, odio a los militares, rencor a los ingleses. Pensaba que nunca pisaría Malvinas con un pasaporte, en fin siempre revolcándome en las miserias humanas y no teniendo una visión más positiva.
Pero en mi corazón y mi alma mandaba el deseo de regresar a Malvinas, es más, no tenía miedo de ir, tenía pánico. No soportaba regresar acompañado, tenía que regresar solo, sin que nadie me contuviera. Como docente siempre les comento a mis alumnos la cantidad de huesos que tiene el ser humano, la cantidad de litros de sangre, pero lo que no les puedo decir es la cantidad de lágrimas que posee el ser humano, y eso lo aprendí durante los 7 días que estuve de vuelta en Malvinas.
Estar solo durante 2 días en el cementerio de Darwin, solo físicamente pero con muchos de ellos espiritualmente fue tremendo. La paz que sentía fue increíble, mi alma se regocijó, no podía creer lo que estaba viviendo.
Por todo esto es que soy muy respetuoso de todas aquellas personas que padecieron los 70, no puedo comparar ambas cosas.

-¿Qué sentimientos perduran al final de la guerra?

Una mezcla de bronca e impotencia por un lado y por otro un alivio de que todo había terminado. Con mis compañeros muertos mucho respeto y el compromiso de no olvidarlos nunca, de intentar por todos los medios que nuestros héroes no sean solamente recordados el 2 de abril, que lo vivido en Malvinas sirva como experiencia para que no ocurra nunca más, usemos el diálogo no la violencia.
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De visita en Londres
LA SOLIDARIDAD EN ACCIÓN
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-Estando en Gran Bretaña aprendimos mucho de los soldados ingleses. Pudimos ver como tratan a sus compañeros, qué les ofrecen, qué pasa con la salud, cómo y con qué respeto tratan a los familiares de los caídos. Ellos nos recomendaron que la solución de los veteranos la demos nosotros mismos, no esperar de brazos cruzados la ayuda del gobierno, que le corresponde ayudar, por supuesto, pero mientras hay que pasar a la acción solidaria. Me llamó mucho la atención cuando el médico inglés Rik Joly, que estuvo en la guerra, en una nota responde que en Malvinas habían muerto 1.000 soldados. La periodista le vuelve a preguntar y el repite 1.000. Perdón, dice la periodista, ¿cuántos soldados británicos? y él vuelve a decir 1.000. A él no le importaba de qué lado, le importaba salvar la mayor cantidad de vidas posibles. Fue el único médico inglés condecorado por haber salvado a más de 200 soldados argentinos.
Cuando llegamos al país vimos que la única forma de poder ayudar sin tantas peleas es a través de una fundación compuesta por padres de caídos, ex soldados, pilotos de avión, periodistas, personas sin ningún partido político, simplemente por ese solo hecho de su solidaridad con la causa demostrada durante muchos años, y hoy estamos en condiciones de decir que ya existe esa fundación: “NO ME OLVIDES”,que en muy poco tiempo va a dar que hablar, por todo lo que está realizando. ___________________________________________________________________
Foto Julio Aro www.lacapitalnet.com
Foto Julio Aro (último a la der.) en Londres junto a otros ex combatientes. http://www.clarín.com/
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